La Feria de San Telmo

La Feria de San Telmo es uno de los eventos más populares en la ciudad de Buenos Aires gracias a su rica historia que nos remonta al año 1970, cuando comenzó a hacerse esta curiosa ceremonia que se repite desde entonces en la Plaza Dorrego.

Este evento tiene lugar cada domingo y en él podemos encontrar todo tipo de cosas: cajas, tablas, hierros, canastos, baúles y muchos más que se encuentran en un repiqueteo asombroso para aquellos que deciden pasear por la noche o por la madrugada. Es esa la hora en la que empieza a funcionar la Feria de Cosas Viejas y Antigüedades de San Pedro Telmo, construida sobre el adoquinada de la plaza y que repite un ritual ya del barrio que late cada domingo de una manera diferente, especial.

Pero no es nada sencillo formar parte de esta ceremonia que ya tiene más de 40 años. Los 270 puestos de la Feria de San Telmo son muy difíciles de conseguir, casi que exclusivos y son una posibilidad que se le presentan a personas que cumplen con una serie de requisitos y atributos: se ingresa por medio de un sorteo cada vez que los puestos van quedando libres, y se debe contar con mercadería que sea de antes de los años 70′, nunca se puede abandonar el puesto, siempre debe estar presente el titular y puede contar con un ayudante por no más de dos horas. Estos son algunos de los compromisos que deben asumir los puesteros y que, como ellos mismos afirman, cumplen a rajatabla porque se trata de un evento extraordinario, difícil de encontrar otro igual no sólo en la ciudad o en la provincia, sino en todo el país. Vale destacar también que cada tres meses se realiza un sorteo para cambiar los lugares que ocupa cada puestero en la plaza, todo bajo la atenta organización del Museo de la Ciudad, el creador y continuador de esta feria. Quienes visitan la feria cada domingo son alrededor de 10.000 visitantes, compuestos en su mayoría por un alto porcentaje de turistas que vienen de todas partes del mundo a conocer antigüedades argentinas. El correr de los años le ha permitido a los puesteros desarrollar una clasificación de turistas excelente, todo según el perfil de sus compras, de este modo, en lugar de fijarse quiénes son los que compran, pueden reconocer de dónde es un turista viendo lo que compran. Por ejemplo, los franceses, elegantes por su naturaleza exclusiva, prefieren los vidrios o la bijou; los italianos las joyas antiguas; los españoles, conscientes y fieles a su pada, pinturas y abanicos traídos al país por sus antepasados; los brasileños, que buscan lo alegre y llamativo, buscan metales y objetos coloridos.

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